Sobra la falta es una instalación en donde un robot “cartonero” (o “botellero”, o que simplemente recoge deshechos) intenta “crear” imágenes usando la basura que el público arroja.
Al entrar en la sala, el público se encuentra con un depósito de basura en donde puede arrojar residuos. Al acumularse basura en este sector, un robot se acerca para extraer residuos y redistribuirlos en el espacio para crear con estos una imagen en el.
Una vez que el robot construyó una imagen, esta es “borrada”, para luego nuevamente iniciar la construcción de un nuevo dibujo. Esta limpieza se realiza con un segundo robot barredora, que sirve para mover los residuos nuevamente hasta el sector del depósito. Las imágenes creadas por el robot son registradas por una cámara y proyectadas en una pared.
El robot “cartonero” que se encarga de clasificar basura y construir imágenes, presenta en su diseño una forma descuidada y desprolija, dado que él mismo está construido con deshechos, algunas partes de plástico, otras partes de cartón, otras partes de madera, con colores. Esta apariencia irregular y que contradice la idea que habitualmente tenemos de “lo que es un robot”, subraya más aún lo absurdo y contradictorio de toda la escena.
Las imágenes que el robot construye, son imitaciones de imágenes prediseñadas por los autores. Dichas imágenes son simples, casi icónicas, para facilitar su legibilidad a pesar de ser construidas a partir de elementos tan heterogéneos como los residuos.